Hablemos de sexo: las claves de la nueva erótica femenina

Estos son tiempos de sexo. Su omnipresencia es tal que a veces hay que fijarse bien para darse cuenta de que el anuncio de Ketchup que tenemos ante nuestros ojos también es una referencia erótica. Y sí, ¡muchísimo más obvia de lo que parecía en un principio! Está en todas partes, pero ¿de verdad se vive de una forma distinta ? Todo apunta a que sí y a que la palabra clave es la libertad. «Mucha más y en muchos más sentidos de la que las mujeres han tenido y disfrutado nunca», explica Almudena García Manso, doctora en Sociología y profesora de la Universidad Rey Juan Carlos. «Las de hoy son mujeres muy diferentes a las de hace 15 años. Son fruto de una educación no restrictiva y secularizada en la que el cuerpo se ve como algo natural y no vergonzoso, lo que atenúa el pudor en la sexualidad y en la desnudez. Y lleva a la asunción del sexo como algo ajeno a las pautas tradicionales». Es imposible no acudir a la serie Girls de Lena Dunham para visualizar a esta generación de mujeres «que no se inmuta ante casi nada y que vive todas las posibilidades de su sexualidad sin complejos y como experiencias que es interesante acumular», como las define la escritora norteamericana Hannah Rosin, quien ha profundizado en la cultura femenina del sexo casual para la revista The Atlantic en un artículo, Boys on the side, criticado por igual por jóvenes universitarias y feministas radicales.

Pero ¿de qué otras formas se materializan estas transformaciones? «En aspectos sociales como la visibilidad del lesbianismo en la moda», apunta García Manso. Pero también en fenómenos, como un tipo de porno hipster y moderno, alejado de los estereotipos de la mujer recauchutada con pechos enormes. O en un tipo de mujer adulta que se relaciona con hombres más jóvenes sin complejos y sin remordimiento. O en un nuevo tratamiento de la infidelidad, como el que plantea el gurú norteamericano del sexo Dan Savage, un columnista gay de curiosa herencia cultural católica, que ayuda a las parejas heterosexuales a recuperar su vida sexual y que proclama la necesidad de abrir la mente –también a la posibilidad de la infidelidad– en pos de una relación más saludable y duradera. «En lugar de una fidelidad estricta, Dan propone una sensibilidad similar a la del mundo homosexual masculino, una comunidad que tolera la pornografía, el fetichismo y toda una variedad de arreglos con terceras personas que les ha permitido pasar de la monogamia cerrada a la franqueza absoluta», explica el periodista de The New York Times, Mark Oppenheimer, quien ha escrito un libro sobre Savage titulado The first gay celebrity.

01. El poder lésbico entra por los ojos

La estética del erotismo lésbico impera en las revistas y en las principales campañas de moda. Las últimas de Zara (protagonizada por Freja Beha), Chanel, Sonia Rykiel o Jean Paul Gaultier podrían servir para forrar las carpetas del colegio de «bolleras» de 15 años. Pero, además, tops como Arizona Muse, Milou Van Groesen, Harmony Boucher, Erika Linder, Julia Nobis o Freja Beha desfilan en la pasarela y posan para los mejores fotógrafos mientras sus intereses sexuales son otras mujeres. También las revistas, online y en papel, con imágenes lésbicas explícitas relacionadas con la moda viven su gran momento. GLU (www.glumagazine.com), The gentlewoman (www.thegentlewoman.com) y el Tumblr de la fotógrafa Cass Bird (cassbird.tumblr.com) son visitados por miles de mujeres (y hombres) en todo el mundo. En España, la editora Andrea Ferrer ha lanzado Ponytale (ponytale-stories.com), una publicación bianual que solo se vende con exclusividad en Ivorypress y en el Macba (en España), pero también en París, Londres, Berlín, Nueva York, Los Ángeles, Sidney y Seul. «Es el momento perfecto para sacar una revista para chicas en España. Ser lesbiana es mucho más cool que ser hetero. Convencí a Elena Anaya para que saliera en la portada explicándole que es como la Take That de las lesbianas jovencitas».

02. Relaciones geolocalizadas

X está en un bar con amigos cuando recibe un aviso en su móvil: «Z está en el bar de al lado y quiere echar unas risas». X y Z jamás se han visto, pero estarán practicando sexo tres horas más tarde. Son usuarios prototípicos de Badoo, la red social con 164 millones de usuarios. En España tiene una de sus bases de afiliados más activas y numerosas, pero acarrea cierta reputación de ser «un Grindr para los heteros». O sea, un mercado del sexo. Esa aplicación, que globalizó el cruising, ha lanzado su versión para mujeres, Blendr, y prepara una para lesbianas; pero en ese mercado tiene competencia: Plenty of Fish.

03. La naturalidad del nuevo exhibicionismo

En un episodio de la primera temporada de Girls, Lena Dunham recibe en su teléfono inteligente una foto del miembro del tipo con el que se acuesta un par de veces por capítulo. La primera reacción es la sorpresa (pero no por el miembro, sino por la original composición de la foto); la segunda es la necesidad de compartir la imagen (se la enseña a sus compañeros de piso); la tercera, sacarse una foto de sus propios pechos y mandársela al chico. Personas que les sacan fotos a sus órganos sexuales, que las comparten a través de sus dispositivos digitales y sus cuentas en redes sociales, que ponen su intimidad en manos de su público (previsto y accidental) es una afición que se ha vuelto tan universal y relevante que merece aparecer en una serie de la HBO que ha cosechado una audiencia en EE UU de 4,1 millones de espectadores. «Hace 10 años, la gente no era así, pero no porque no se hubiera inventado un medio en particular, sino porque no se había planteado, ni cabía plantear, las preguntas sociales y financieras a las que ese medio responde», comenta Eloy Fernández Porta, ensayista de raigambre pop que presenta estos días su nuevo libro, Emociónese así, al respecto de la felicidad y su imparable expansión en la era digital, la misma que ha propiciado esta sobreexposición genital a la que nos vemos hoy abocados.

Desde los tumblrs postfeministas hasta el cine mayoritario, que en los 80 producía héroes como Indiana Jones y ahora otros del tamaño del pene de Michael Fassbender, que hasta hace poco abordaba la pornografía desde el biopic social y ahora lo hace a través de Lars Von Trier y su obsesión por lograr que sus actores practiquen sexo real (lo sugirió en Los idiotas y parece que lo remata en la próxima: Nymphomaniac). «Los nuevos medios tienen una parte utilitaria (globalizar la economía) y otra especulativa («diversificar los modos de relación», de manera experimental). El exhibicionismo ha sido el resultado de ese lado especulativo y ha acabado afectando al otro lado, porque el así llamado código exhibicionista «se ha convertido en un elemento de caracterización», sentencia Porta. Para el fotógrafo Richard Kern, que lleva 20 años tratando de convencer a chicas para que se quiten la ropa ante su objetivo, «no se trata de que las personas sean más exhibicionistas ahora. Simplemente, hay más formas de compartir tus fotos y una facilidad pasmosa para hacerlas. A la gente le gusta que la vean desnuda y cuando siente que eso ya no se penaliza socialmente, se suelta».

Desde el terreno artístico, el desnudo se plantea como una mirada naturalista en las obras de fotógrafos como la cordobesa Lourdes Cabrera o el estadounidense Ryan McGinley. Y esta desinhibición exhibicionista se filtra en la moda. Este último pasó de fotografiar en cueros a sus amigos en plena naturaleza, o en interacción (no sexual) con diversos animales, a disparar portadas para Vogue y las campañas de moda más in.

Fuente: https://smoda.elpais.com/placeres/hablemos-de-sexo-las-claves-de-la-nueva-erotica-femenina/

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